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Es lamentable, cuando esperando proyectar una imagen determinada, optamos por adornar nuestra esencia, nuestras maneras, nuestra cultura e incluso nuestros ancestros; me he topado con algunas personas viviendo esta encrucijada: “Si voy a parecer, debo olvidar”, sin darse cuenta que aunque es válido reinventarse, la magia se pierde si en el proceso sacrificamos nuestra verdadera procedencia, anulando la belleza de la transformación y privándonos de compartirla.

Si fuimos adolescentes gorditas, tuvimos unos galanes nefastos, estudiamos en escuelas humildes o nuestro barrio, escuela y familia no eran precisamente lo  más “fashion”…. significa que trabajamos duro para transformarnos en las grandes mujeres que hoy somos… y esto, lejos de avergonzarnos debería servir de inspiración a otras chicas que como nosotras en el pasado, sienten que quizás no encajan en su mundo, lo cuál es perfectamente comprensible!

Es claro que en todos los escenarios no demos exceso de detalles sobre nuestra vida personal y sobre nuestras luchas, por supuesto… hay una imagen qué preservar, pero de ahí a negar el camino que recorrimos e intentar anular de dónde provenimos hay una gran distancia; es como revelarle al mundo que no somos dignas … ¡y sí que lo somos!

La imagen es un conjunto visual, pero también es una esencia; una receta especial en la que ese ingrediente personal debe estar presente como un ancla, para que no nos perdamos en toda suerte de sabores artificiales, hoy tan comunes en el mercado y tan corrientes que se ofrecen al “pague 2 y lleve 3” e incluso se regalan.  No, nosotras somos especiales precisamente por ser el resultado de un proceso, no el producto de una marca!!

Feliz semana queridas amigas, 

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